POR LA RUTA DE LA SEDA

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María Elena Cornejo

Periodista y Trotamundos

POR LA RUTA DE LA SEDA

“Érase una vez un Califa y su Visir…” Así empieza uno de los relatos de Las mil y una noches. Cuenta la historia de un visir que no puede escapar a su destino y finalmente se encuentra con la muerte en Samarcanda. Sin embargo, el lugar no tiene nada de lúgubre, es más bien una ciudad increíblemente hermosa, llena de mezquitas, madrasas y artesanos que se ubican en los refaccionados caravanserai o construcciones donde los comerciantes de la ruta de la seda se detenían a descansar o pasar la noche. Con el tiempo los caravanserai han devenido en mercados, tiendas de artesanías o incluso en hoteles de lujo.

Samarcanda, Bukhara, Khiva y Tashkent, la capital, son ciudades de Uzbekistán, país que formó parte de la URSS y recién alcanzó su independencia en 1991. Tiene poco más de treinta millones de habitantes, el 98% de ellos islámicos, rico en gas, uranio, oro y algodón. Si bien practican un islamismo tolerante (por ley las mujeres no pueden llevar burka ni los hombres barba) es un país poco abierto a la inversión extranjera y con un sistema de seguridad tan estricto que intimida al viajero.

Para ubicarnos en el tema de esta página, les cuento que el plato nacional se llama plov, se hace con un arroz de grano largo y delgado cuya preparación está a cargo exclusivamente de los hombres. Lo cocinan en enormes ollas como para diez kilos (de allí come toda la familia y los vecinos) se adereza con cebolla, zanahoria,  carnes, pimienta, culantro y comino. Un secreto es no agregar sal al plov, solo al caldo donde previamente se cocinaron las carnes. A mí me tocó comerlo con carne de caballo. Primera vez que pruebo (conscientemente) esta carne pero me pareció deliciosa.

La creación del plov se atribuye al sabio Avicena (980-1037) y dicen que es nutricionalmente completo porque contiene los siete ingredientes que garantizan la salud. El plov, como el ramen para los japoneses, es un ritual de celebración. Hay sitios especializados solo en plov que cierran una vez se terminan las porciones. Es decir, no se preparan más.

El vecino de Uzbekistán es el rico y próspero Azerbaiyán, país petrolero que exhibe su bonanza en rascacielos de caprichosas formas, porsches del año y tiendas de las marcas más famosas. Su capital Baku se encuentra a orillas del mar Caspio y sus carreteras están alfombradas de plataformas de explotación petrolera.

En Baku se encuentra un alucinante Museo de Arte Moderno diseñado por la arquitecta Zaha Hadid nacida en Bagdag pero educada en Inglaterra, país donde vivió la mayor parte de su vida. Esta talentosa arquitecta y catedrática en Harvard diseñó un sinnúmero de edificios en diversas partes del mundo siguiendo la corriente del desconstructivismo. Fue la primera mujer en obtener el premio Pritzker. Lamentablemente murió el año pasado en Miami a los 66 años de edad.

Allí el plato insignia es el pilaf, un arroz con azafrán, dátiles y por lo menos cinco frutos secos que se cocina envuelto en una fina capa de harina. Se acompaña de carnes guisadas como cordero o pollo.  Su fruta nacional es la granada que se encuentra incluso en los grabados de los palacios donde vivieron los sha. Actualmente la granada forma parte de muchos platos y con ella se hace una salsa densa y agridulce con la que acompañan las carnes. En estos países es usual empezar por tres o cuatro ensaladas y hierbas frescas, luego ponen una sopa de lentejas o beterraga (el popular borscht de herencia soviética), el plato de fondo, el postre y el té negro.

Los vinos no son buenos ni tienen costumbre de tomarlos, pero ya lo están intentando.

 

One thought on “POR LA RUTA DE LA SEDA

  1. Elenichi, qué interesante lo q nos cuentas, y de paso nos llevas de tour gastronómico por esos exóticos lugares. Lindas las fotos!

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