CON EL CORAZÓN EN LA MANO

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María Elena Cornejo

Periodista y Trotamundos

CON EL CORAZÓN EN LA MANO

En solo un mes los jóvenes cocineros José Luján y Paul Rivera, ambos residentes en Cusco, organizaron un maravilloso almuerzo a beneficio del Albergue de Niños Juan Pablo II. El lugar elegido fue el enorme mercado de San Pedro, uno de los sitios emblemáticos del Cusco que recibe miles de visitantes al día. Dos semanas antes, apoyados por los chicos de la Escuela de Cocina Blue Ribbon y de PachaLab del Restaurante Escuela Arariwa, limpiaron, diseñaron, armaron y concibieron Popular, el proyecto que se concretó el sábado pasado cuando se colocaron mesas largas con mantel rojo para recibir a 200 comensales. El menú de degustación constó de seis tiempos con platos preparados al alimón por picanteras agrupadas en la Asociación de Picanteras del Cusco y cocineros de Generación con Causa que llegaron de Lima y Trujillo para apoyar este almuerzo.

No faltó nada. La variedad de chichas (de molle, quinua, jora, airampo, chuño negro, cacao, plátano), el café de los Three Monkeys, los tragos largos preparados con el noble cañazo de Caña Alta, las danzas típicas que amenizaron el almuerzo y la atención diligente, cercana, afectuosa del centenar de estudiantes de cocina fueron el marco festivo de una emocionante jornada que dejó honda huella en comensales y curiosos.

Sirvieron rocotitos rellenos, guiso de nabos jaucha (una planta estacional de sabor intenso) con sangrecita, saralawa (sopa de choclo con olluco y habas), estofado de rabo con pastel de papa y ensaladita de berros, adobo de chancho con pepián de choclo y tamalitos de coca con naranja confitada, maíz garrapiñado, trozos de macarrón de pisco sour y gomita de tumbo.

Además, Palmiro Ocampo y un grupo de estudiantes y voluntarios de la ONG Ccori recolectaron desde la víspera 170 kilos de productos no vendidos por los comerciantes (cáscaras, raíces, huesos o frutos chancaditos) y prepararon un locrón de papa y zapallo, una fideúa adornado con polvo de papa sangre de toro, un budín de plátano servido dentro de media naranja confitada y una ensaladita de frutas decorada con borra de café y avena tostada. Las 728 raciones se distribuyeron gratuitamente entre comerciantes y curiosos.

La suma recaudada, algo menos de veinte mil soles servirá para reactivar la panadería del albergue e implementar biohuertos y fitotoldos en las áreas verdes; una manera de mejorar la nutrición de los 60 niños (entre los 0 y 17 años) que viven en el albergue y generar trabajo para los chicos que una vez cumplidos los 18 años deben salir a buscarse la vida.

Aplausos y lágrimas cerraron una emocionante jornada que definitivamente removió las fibras más sensibles de solidaridad y amor al prójimo. Fue tiempo de aprendizaje del que salimos fortalecidos y conmovidos. La gastronomía es compartir, enseñar, trasmitir, entender, dar. Los apus cusqueños deben estar sonriendo.

 

 

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